Es la rama de la odontología que se ocupa de la prevención, diagnóstico y tratamiento quirúrgico de la patología de los maxilares y sus anexos.
Con esa definición entendemos que esta disciplina odontológica que, aunque esta en vías de ello, en España aún no se han reconocido oficialmente las especialidades en odontología, se encarga del tratamiento quirúrgico de los maxilares con todos sus componentes y las estructuras cercanas. Tanto de tejidos blandos como de tejidos duros.
Y ¿qué estructuras nos encontramos en esa zona?
Podemos distinguir dos tipos de tejido de forma general, el tejido duro, que se refiere a los huesos y dientes que alberga el interior de los huesos maxilares (maxilar superior y maxilar inferior o mandíbula) y los tejidos blandos.
Los anexos se refiere a las estructuras adyacentes o próximas a esos huesos como son el seno maxilar, las fosas nasales, el hueso malar o cigomático, la articulación temporomandibular, glándulas salivales mayores (parótida, submaxilar y sublingual) y menores, lengua, mucosa yugal, encía etc..
Como vemos, son muchas las estructuras contenidas en esa zona que llamamos boca y van mucho más allá de lo que son los dientes.
¿Qué patologías podemos encontrar en el campo de actuación de la cirugía bucal?
Pues desgraciadamente, mucha y muy variada patología que, en este y sucesivos artículos, iremos desarrollando para que puedas entender el alcance de la disciplina. De modo didáctico vamos a empezar por tejidos duros, y luego hablaremos de tejidos blandos.
Se considera por razones obvias, tejido duro de la boca el hueso y los dientes. Los procesos patológicos que puede sufrir el hueso relacionados con los dientes son variados podemos hablar de dos tipos principalmente, aunque evidentemente hay más. Patología quística y patología relacionada con la retención de dientes dentro del hueso maxilar.
¿Qué entendemos por patología quística?
Un quiste no es ni más ni menos que una cavidad recubierta de epitelio (tejido que tapiza las superficies del cuerpo, cavidades y órganos), para que me entiendas, es como una bolsita que se produce dentro del tejido, en el caso que nos ocupa, el hueso. En el interior de esa bolsita puede haber distintos componentes desde líquido a algo más pastoso dependiendo de la naturaleza de ese quiste.
Por uno extenderme mucho, los quistes pueden tener diferente etiología (causa que lo produce) clasificándose básicamente en quistes del desarrollo (quistes que están presentes y van aumentando de tamaño conforme vamos creciendo) y quistes de naturaleza infecciosa.
La clasificación y enumeración de cada uno de ellos es variada y no viene al caso en este artículo por lo que nos vamos a centrar en los más frecuentes que suelen ser los de naturaleza infecciosa y de ellos casi siempre están relacionados con la patología de uno o varios dientes. El que más prevalece es el quiste radicular.

¿Cómo se produce el quiste radicular?
Es muy sencillo; la boca está llena de microorganismos (bacterias y hongos) que viven con nosotros que, en su justa proporción y medida, no nos producen ningún daño. De hecho colaboran con nosotros y cumplen una función determinada, ayudándonos a hacer la digestión y evitando que cepas de bacterias potencialmente perjudiciales para nosotros se instalen allí y nos fastidien, ya que le ofrecen una competencia por el territorio imposibilitando su desarrollo.
La boca está preparada para tener esos invitados bienvenidos. Pero eso es en la boca, y también en nuestro tracto digestivo pero no en el interior de nuestros tejidos.
Cuando un diente está enfermo y las bacterias que hay en la boca penetran en el interior de ese diente por un pequeño agujerito producido por ejemplo por una caries y alcanza la cámara pulpar (zona del diente donde se encuentra el nervio, la arteria y la vena que nutre e inerva ese diente) se produce una infección que al principio será o intentará ser contrarrestada por las células defensivas que tenemos en nuestro organismo y que sobre todo son transportadas hasta el lugar de la invasión por el torrente sanguíneo. Provocará una inflamación que podrá llegar a ser muy dolorosa (el típico dolor de muelas horrible) debido a la presión que produce contra el nervio el aumento del torrente sanguíneo para aportar células defensivas en una zona muy estrecha y sin capacidad de distender el tejido ya que es la raíz del diente y no tiene ninguna elasticidad como si tiene el tejido blando. A veces el nervio ya ha claudicado y no se produce ningún dolor, aunque lo normal como digo, es que sea una situación muy dolorosa durante unos días.
Como la invasión sigue produciéndose constantemente hay un momento en el que el nervio se necrosa (muere en esa zona junto con la arteria y la vena) y desaparece el dolor. Pero cuando eso sucede, hemos perdido nuestra capacidad defensiva para defendernos de las infecciones localmente en esa zona del diente.
Es entonces cuando el organismo, que tiene un sistema de protección casi perfecto, manifiesta otra forma de defenderse.
La cantidad de bacterias en boca y su capacidad para reproducirse es ilimitada. Ahora nuestro sistema defensivo sólo puede actuar hasta donde llega la sangre y como hemos perdido, porque ha muerto el nervio con la arteria y la vena que entraban en el diente a través de un finísimo conducto que hay en la raíz, la defensa se produce justo en el hueso junto a ese pequeño conducto por el que penetraba el paquete vasculonervioso (que así se llama el conjunto arteria, vena y nervio). El proceso es el mismo, los vasos sanguíneos se dilatan y el torrente sanguíneo aumenta para defenderse de las bacterias pero lo hace sólo hasta donde llega, y ahora, al interior del diente no llega con lo que las bacterias campan a sus anchas y se preparan en ese campamento en donde se encuentran seguras para seguir invadiendo el hueso a través del fino conducto que tiene la raíz. Pero si las bacterias alcanzan y se reproducen en el hueso podrían producir una osteomielitis que es un infección del hueso muy grave que podría llegar a comprometer la vida del paciente.
La sabia naturaleza ha resuelto el problema produciendo un quiste. Recordemos que es una cavidad recubierta de epitelio. Pues es lo que hace, no podemos acabar con este ejército de bacterias que invade de forma constante e infinita nuestro organismo, pues vamos a aislarlo. Y lo hacemos creando un epitelio (una bolsa) que separa las bacterias del hueso y aunque éstas no paren de aumentar ese epitelio hace que no se dispersen por el hueso.
Las bacterias van aumentando y el quiste con ellas pudiendo, con el paso del tiempo, abombar y perforar la cortical del hueso.
También puede ponerse en marcha a la misma vez otro mecanismo que tiene el organismo y no es ni más ni menos que con ese mismo epitelio, buscar una salida al exterior para que el contenido de ese (quiste) drene (salga al exterior) con el fin de oxigenar la zona por un lado (esas bacterias suelen desarrollarse en ausencia de oxígeno, si aumentamos la presencia de este gas disminuimos la capacidad de multiplicarse de esas bacterias) y disminuir la presión dentro del tejido.
Esto último que te acabo de contar es lo que denominamos FÍSTULA.
El tratamiento, y por tanto la solución a este problema, pasa por dos opciones. Quitar el diente afectado y el quiste, la encía cerrará y el organismo se encargará de las bacterias que han podido quedar en su interior y al no poder continuar entrando se acabó el problema.
La otra opción es hacer la endodoncia y obturar (bloquear y sellar) el conducto de la raíz para que las bacterias de la boca no sigan penetrando y quitar el quiste.
Toda lesión que se extraiga quirúrgicamente del tejido debe ser remitido a Anatomía Patológica para su diagnóstico preciso al microscopio.

Rara vez, pero puede ocurrir, que si después de quitar el diente afectado no se ha extirpado totalmente el quiste, éste perdure dentro del hueso. En este caso el quiste recibe el nombre de quiste residual.
Hay más tipos de quistes, todos de naturaleza benigna, aunque algunos de ellos tienen tendencia a la recidiva (volver a aparecer) y aunque como decimos son benignos pueden destruir bastante hueso por lo que según que tipo de quiste sea hay que extirpar con más margen de lo que se haría con un quiste radicular. De este tipo de quistes los más frecuentes son el ameloblastoma y el queratoquiste odontogénico.
En siguientes publicaciones iremos viendo el resto de patologías de una forma que puedas entenderla.

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